martes, 23 de mayo de 2017

La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

Puede que Crozon, en la Bretaña francesa, sea el fin del mundo. Pero es un finisterrae con biblioteca. El bibliotecario, el señor Gourvec es un excéntrico bibliófilo con un fracaso matrimonial tan misterioso como su vida privada —su esposa le abandonó a las dos semanas de casados y nadie sabe por qué—, y una sección en la biblioteca para los manuscritos rechazados por las editoriales. Un verano, una editora de París y su pareja, un escritor inseguro y deprimido por el poco reconocimiento que ha tenido su última novela, viajan a Crozon para pasar las vacaciones. En uno de sus paseos en bicicleta, entran en la biblioteca del pueblo y descubren la sección de los libros rechazados. Divertidos y sin nada mejor que hacer, pasan la tarde revisando manuscritos. Pero, inesperadamente, encuentran una pequeña joya literaria, Las últimas horas de una historia de amor, un libro tan bello y delicado que merece ser publicado. La pareja se lanza a la búsqueda del misterioso autor de tan excepcional novela: Henri Pick, el pizzero del pueblo. El problema es que Pick está muerto y su familia jamás le vio leer o escribir en toda su vida.

"Según él, de lo que se trataba no era de que nos guste leer o nos deje de gustar, sino más bien de saber cómo hallar el libro que nos corresponde. A todo el mundo le puede encantar leer si se cumple la condición de tener en las manos la novela adecuada, la que nos va a gustar, la que nos va a decir algo y que no podremos soltar. Para lograr ese objetivo había desarrollado, pues, un sistema que casi podía parecer paranormal: al mirar en detalle la apariencia física de un lector era capaz de deducir qué escritor necesitaba."


Cuenta David Foenkinos que el señor Gourvec, bibliotecario de Crozon, sacó la idea de una sección para los libros rechazados por las editoriales de una novela que Richard Brautigan publicó en 1971, The abortion: an historical romance; una novela en la que aparece un bibliotecario que guarda todos los manuscritos inéditos que sus respectivos autores le han confiado después de rendirse ante el rechazo de las editoriales a publicarlos. Así nació la idea de la Brautigan Library (actualmente con sede en Vancouver), un hermoso cementerio de manuscritos que jamás serán leídos. Solo dos condiciones son indispensables para depositar los libros allí: que hayan sido rechazados por, al menos, una editorial, y que los lleve su autor en persona, como una especie de peregrinación en reconocimiento del fracaso. 

¿Cómo resistirse a una novela con semejante principio? Decía hace poco Mientrasleo que los lectores somos facilones ("un público relativamente sencillo de convencer"), que es ponernos delante una novela con la palabra libro o biblioteca o librería delante y que nos la llevamos a casa. Y tiene razón. Aunque en el caso de La biblioteca de los libros rechazados, además del tentador título y su sinopsis, me pudo el autor. Me gusta mucho leer a David Foenkinos, me encantó La delicadeza y Charlotte, me gusta su estilo, su ingenio y sus hermosísimas frases. En esta nueva novela, además, disfruté mucho con sus guiños sobre escritores y editoriales y con su sentido del humor al respecto del mundillo. 

No voy a explicaros mucho más de esta encantadora historia, con pueblecito bucólico, bibliotecario rarito y editora emprendedora en busca de un autor improbable, porque ya veis que tiene todos los ingredientes para encandilaros. Es una historia que se disfruta por sus pintorescos personajes y por la narración magnífica y peculiar (como siempre) de David Foenkinos, capaz de imprimir belleza en la descripción del gesto más cotidiano y de explicar con palabras que parecen nuevas sentimientos universales. 

Todo genial hasta que llegué al epílogo, una insoportable explicación, tramposa y fea que tergiversa todo el sentido bucólico y armonioso de la novela para que cerremos el libro bastante cabreados ¿Por qué ese epílogo pestoso, David? No me esperaba esa jugarreta tan poco delicadeza

Lector, de como una idea peculiar da a luz una historia que te encantará leer. Excepto el epílogo. No lo leas. Y, si lo haces, es bajo tu propia responsabilidad.


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martes, 16 de mayo de 2017

El color del silencio, de Elia Barceló

Helena Guerrero es una artista de renombre internacional, conocida por las sombras que invaden sus cuadros y que, aparentemente, reflejan un misterio de su pasado que nadie ha sabido nunca explicar. Ahora, después de muchos años viviendo en el extranjero, en Adelaida, Australia, tres sucesos conspiran para traerla de vuelta a Madrid, tres episodios que reconfigurarán su pasado y su futuro: una terapia psicológica llamada «constelación», una boda en su familia y un correo electrónico de su distanciado cuñado le darán las pistas para descubrir qué sucedió realmente con su hermana Alicia, en 1969.  Junto con Carlos, su pareja actual, Helena irá en búsqueda de respuestas a las terribles preguntas que la han acechado durante toda su vida. Viajará a Rabat, a la antigua mansión de su familia, La Mora, y se adentrará de nuevo en los frondosos jardines que han resguardado, durante años, con recelo, un oscuro y silencioso secreto familiar, el mismo secreto que parecía hablar, desde hace mucho tiempo, a través del color y de las sombras de sus cuadros.

Sinopsis de Roca editorial


La hermosísima portada es un diseño de Sophie Guët sobre una pintura de la artista Lita Cabellut

Roca editorial
ISBN: 9788416700783
Colección: Novela
Páginas: 480
Fecha de publicación: 4 de mayo de 2017

Ayer por la tarde tuve la suerte de charlar un ratito con Elia Barceló en el Hotel Alma, de Barcelona, donde la escritora estuvo atendiendo a los medios de comunicación con motivo de su nueva novela El color del silencio, de Roca Editorial. Conocía y admiraba a Elia por sus libros de ciencia ficción y fantasía y por ser pionera en España de este género: Elia Barceló abrió camino a muchas escritoras de fantasía juvenil cuando todavía no existían los Crespúsculos ni los Harry Potter. Ella no se da por aludida, dice que todavía queda mucho por delante, que de cada diez escritores, reconocidos con importantes premios o galardones del público y la crítica, apenas dos son mujeres (y una de ellas suele estar muerta). En todo caso, y aunque os recomiendo mucho que leáis alguna de sus obras de género fantástico, os recomiendo sobre todo que no dejéis pasar El color del silencio, una estupenda novela realista de la autora, recién publicada hace un par de semanas y que ya va por su tercera edición. Ojalá tenga la acogida de los lectores que se merece porque es extraordinaria por muchos motivos. 

Me moría de ganas de preguntarle por un acontecimiento que me dejó boquiabierta al leer El color del silencio porque lo desconocía por completo y me sorprendía la poca información que hay al respecto sobre el mismo: la misteriosa muerte del general Balmes en julio de 1936. Elia me dijo que había tropezado con ese acertijo cuando su marido, historiador, se lo señaló durante la lectura del libro de Ángel Viñas, La conspiración del general Franco, y que decidió que fuese el punto clave de su novela. No voy a desvelaros más sobre este punto pero sorprende que en el siglo XXI todavía sea tan grande la desmemoria histórica y la censura, la falta de ganas de saber qué ocurrió (o de reparar en la medida de lo posible lo que ocurrió), tal y como comentaba Elia Barceló en este magnífico artículo de Eldiario.es 

Cuestiones históricas aparte, otro de los puntos fuertes de El color del silencio es su atípica protagonista, Helena Guerrero. Su singularidad reside en que tiene 68 años y un carácter de armas tomar (¡qué bien la describe su apellido). Elia comentaba que no buscó expresamente a Helena como un personaje tan antipático pero que le salió así. Estaba un poco harta de que en occidente a las mujeres se las invitase/empujase a retirarse de la vida pública y de sus profesiones cuando rebasaban la edad de los 50 años. Decía que tanto en el cine como en la literatura se volvían invisibles; no solo las escritoras y actrices sino también sus personajes: la mayoría de protagonistas son jóvenes, guapas y perfectas. Pues Helena es mayor, es bestialmente sincera y cae mal en una primera impresión (atención a la valentía de Elia Barceló al apostar por una protagonista con la que, probablemente, el lector no empatice). Sin embargo, a medida que avanza la novela y el lector va conociendo más a Helena comprende a la perfección ese tormento de silencio, de dolor no expresado, de preguntas sin respuestas, que la han marcado durante toda su vida como la sombra de sus pinturas. 

En la novela también se refleja el sentimiento de rechazo (o hartazgo) que me explicaba Elia sobre la discriminación de género: el menor reconocimiento artístico y económico de Helena por ser mujer, la dependencia de Blanca de su marido, lo chocante de una relación sexual o amorosa entre una mujer mayor y un hombre joven, etc. Así como temas sociales que en nuestro siglo siguen bajo el sello de una poderosa censura, como el alzamiento franquista, la guerra civil y la posterior dictadura, o casos sobre los que los medios de comunicación actuales han pasado de puntillas, como los bebés robados por intermediación de religiosas.

El otro personaje extraordinario que acapara por méritos propios protagonismo en El color del silencio es Gregorio (Goyo) Guerrero. Gregorio es padre de Helena, un capitán del ejército español en Tetuán que se une a la sublevación del general Franco convencido de que es lo correcto, de que solo así salvará su país. Elia Barceló comentaba sobre este personaje que en su momento le había sorprendido lo mucho que llegó a empatizar con él pese a sus convencimientos, tan ajenos a los suyos. Pero es que Goyo está totalmente seguro de que obra para bien, de que es un héroe en la sombra, un patriota, alguien que debe hacer el trabajo sucio para salvar a su país; pese a que por el camino va perdiendo a su esposa, a sus hijas, su moralidad y el sentido de su propia vida.

El color del silencio es una novela que se disfruta por muchos motivos. Además de por sus extraordinarios personajes, por su documentación/investigación y puesta en escena de la Historia de España del siglo pasado y por la reivindicación de una figura femenina desacostumbrada, me ha encantado la alternancia de sus hilos geográficos y temporales (Canarias 1936, Rabat 1969 y actualidad) y un detalle muy especial que le da a la novela un toque peculiar y genuino: las fotografías y cartas antiguas que Helena encuentra de su familia, testimonio del pasado que transporta al lector casi por obra de magia a aquellos otros tiempos del pasado. Le decía a Elia lo mucho que me habían gustado esas cartas y fotografías, la importancia de describir vestidos y peinados, música, atmósfera, para envolver al lector, cuando me dijo "Claro, yo compré el libro de Ransom Riggs (El hogar del Miss Peregrine para niños peculiares) cuando todavía no era famoso solamente por las extrañísimas fotografías que lo acompañaban". Le dije que me pasó exactamente lo mismo, como ya sabéis. Los documentos gráficos contribuyen a crear un mundo único para el lector.

Como imagináis fue un placer conocer en persona a una escritora como Elia Barceló: inteligente, curiosa, atenta, gran lectora y segura de sí misma. Desde aquí le doy las gracias por su tiempo y la agradable charla. Ahora os toca vosotros descubrir la que muy posiblemente sea su mejor novela realista.

Lector, no voy a decir eso de "el mejor libro del año" porque está muy manoseado y lleva a controversias. Pero sí que te voy a decir que vale mucho la pena no perdérselo, por todos los motivos que te he explicado. Palabrita.

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lunes, 8 de mayo de 2017

Nuestra casa en el árbol, de Lea Vélez

María, Michael y Richard vuelven a la casa de su infancia, en Hamble-le-Rice. Llegan en barco y van tardísimo a un entierro pero el tiempo en el Hamble nunca trascurre del mismo modo. Los tres hermanos, vueltos al hogar, recuerdan episodios de su infancia de la mano de Richard, que ha recogido en varios cuadernos las vivencias de aquellos días con la ayuda de los diarios de su madre. Fueron tres niños felices allí, en la casa de su abuelo, esperando a que mamá les construyera su propia casa en el árbol. Ana había esperado iniciar una nueva vida en Hamble-le-Rice con sus tres hijos superdotados, cansada de la reticencia del colegio español, mortificada por sus propios recuerdos de la escuela, profundamente triste por la reciente muerte de David, su marido. Los cuatro juntos, a la orilla de un río con mareas dobles, construyen su propio universo particular en donde todo es posible, incluso la libertad.

"Opino que una casa hecha para todos igual no puede funcionar, sobre todo si los niños son intrépidos e inteligentes (...). Los mismos principios de una casa en el árbol pueden aplicarse a la educación."


Para todos aquellos que seguís a Lea Vélez en las redes sociales o que habéis leído El jardín de la memoria, ya estaréis familiarizados con la autora y sus circunstancias: Lea es viuda y madre de dos niños superdotados (disculpad la etiqueta). Y para todos aquellos que disfrutamos cuando inicia una entrada en facebook escribiendo "Entra el de nueve y me pregunta: mami, ¿crees que sería posible inventar un chip que se implantase en el cerebro de los bebés para que aprendiesen todo lo que supuestamente se aprende en la escuela?" esta novela es un regalo. Una historia de imágenes y metáforas preciosas sobre la libertad, sobre la infancia y sobre el derecho de todos los niños a ser reconocidos como personas singulares; pero también una historia sobre aprender a vivir de nuevo.

Leer Nuestra casa en el árbol es disfrutar del ingenio de Lea, de sus juegos de palabras, de sus "no soy literal" y de las adorables excentricidades de sus personajes (originales y únicos, seguramente porque están inspirados en niños reales). Pero lo que más me ha gustado de Nuestra casa en el árbol es la crítica observación sobre la educación reglada a la que sometemos a nuestros hijos. Ana, la protagonista, que también fue una niña de altas capacidades, todavía recuerda los sinsabores de su escolarización; y quizás por ello sufre por partida doble el dolor de sus hijos de tener que ir al colegio a copiar "Pilar pela el pomelo" cuando en casa le están preguntando por el Big Bang, la extinción de los dinosaurios, el origen de la vida, la densidad planetaria o la falta de atmósfera en el espacio. 

"-¿Y a qué vas al colegio?
-Yo voy al colegio a llorar."

La protagonista no quiere comprar una casita prefabricada y podar las ramas del árbol para que encaje allí. Prefiere respetar la singularidad de su árbol, las preferencias de sus hijos, y construir una casa a medida, que no encaje por la fuerza de la poda sino que se adapte a la originalidad del árbol y de los pequeños. Los niños van al colegio para que se les pode sus mejores ramas con la finalidad de que a todos les quepa el mismo kit de conocimientos superficiales, apunta Lea en estas páginas.

La absurdidad de los mecanismos escolares y su nulo respeto por las inteligencias múltiples, por la imaginación o la diversidad de capacidades de los alumnos, se conjuga con el otro elemento omnipresente en esta luminosa historia: la libertad. En Nuestra casa en el árbol encontramos personas que buscan la libertad, personas que han nacido libres y siguen indómitamente libres, personas que encuentran la libertad al sumergirse en la naturaleza del Humble y personas que ni siquiera se han planteado alguna vez el concepto de libertad. Libertad de amar, de viajar, de pensar, de vivir, de estar triste, de llorar... Por eso los críticos literarios hablan de que los protagonistas de esta nueva novela de Lea Vélez encuentran refugio en su propia Arcadia. 

Lector, nos advierte Lea que cuando un niño nos dispara con el dedo debemos morirnos (y si nos morimos fabulosamente, mejor). 

Nota: Debería haber leído El jardín de la memoria o Nuestra casa en el árbol antes que La cirujana de Palma para conocer mejor a la autora, su sentido del humor, su ingenio y sus jocosas sátiras. Lector, si todavía llego a tiempo: deja para el final a la cirujana, ya entenderás por qué.


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martes, 25 de abril de 2017

Matar al heredero, de Carlos Laredo

La vida sonríe al cabo primero de la Guardia Civil, José Souto: acaba de ser ascendido a jefe del puesto de Corcubión y está a punto de casarse con su novia de toda la vida, Lolita. La boda tiene lugar en el pueblo natal de la novia, donde la pareja ha heredado una casa que acaban de convertir en un hotelito rural. Invitado al feliz enlace como padrino de Lolita, César Santos, abogado ricachón y detective por pasatiempo, está pasando unos días junto a sus amigos cuando Souto le plantea un caso que le trae de cabeza. El verano pasado, durante el mercado medieval de Corcubión, el único hijo de don Alejandro Sueiro, una familia respetable y adinerada, es asesinado con una puñalada por la espalda, a plena luz del día. Los testigos aseguran haber visto a un hombre encapuchado detrás del chico momentos antes del suceso, pero nada más. César pregunta por el móvil del asesinato pero este también parece ser un callejón sin salida: los Sueiro no tenían enemigos, eran aristócratas respetables. El único con motivos de herencia para matar al chico, el hermano de don Alejandro, tiene una buena coartada, es millonario y disfruta de cierto renombre en Coruña.

"—Por cierto, supongo que te casarás con tu Lolita de siempre.
—Pues sí. Pensaba hacerlo con el sargento Vilariño, pero resulta que ya está casado y, además, se acaba de jubilar. Esto último no sería un impedimento, claro, pero te lo digo porque, de momento y provisionalmente, soy el nuevo jefe del puesto de Corcubión."


Título: Matar al heredero
Autor: Carlos Laredo
Editorial: Sinerrata
Colección: Sinrastro
Género: Policíaca
Año: abril 2017
ISBM: 9788415521310 ePub 9788415521327 mobi 9788415521334 IBD
Descárgate AQUÍ el primer capítulo

Pese a que no soy asidua a la novela policíaca o de detectives, en los últimos años Sinerrata me ha sorprendido con dos autores que han hecho que renueve mi interés por el género: Fernando Roye, con su sargento Carmelo Domínguez, y Carlos Laredo, con su galleguísimo cabo Holmes. Matar al heredero es la quinta entrega de los casos de José Souto, alias el cabo Holmes, y es hasta la fecha la novela de este personaje con la que más he disfrutado. La sal de Matar al heredero recae en el planteamiento de un crimen perfecto: al aire libre, a la vista de todos, en medio de un mercado medieval lleno de gente, bajo la lluvia, sin móviles aparentes, sin sospechosos; muy al estilo de Miss Marple pero con un joven cabo de la guardia civil gallego, y muy serio, en lugar de con la ancianita adorable.

Y digo que me ha gustado más que la novela anterior, El secreto de las abejas, porque en esta historia el lector vuelve a encontrarse con el Souto más auténtico; ese cabo Holmes que no es nada de la broma porque no va con su carácter reservado y reflexivo, pero que practica con César Santos como el que sale a correr para hacer un poco de ejercicio. Un Holmes que se casa con su novia de siempre, que no se deja fascinar por chicas guapas (creo que todavía no le he perdonado el resbalón), que medita sobre el caso ante el paisaje plácido y hermoso de la campiña gallega y de sus acantilados, que disfruta con naturalidad de la cocina tradicional de sus ancestros. Un cabo Souto que disimula con chistes sobre provincianos siempre que siente superado por la sofisticación del señorito de Madrid, pero que sigue tomando notas en sus libretas sobre el acertijo del asesinato que le ocupa. Y, sobre todo, ese final agridulce tan propio de los primeros casos de Souto, tan acorde con la percepción vital de este protagonista.

Se nota que Carlos Laredo está a gusto con sus personajes, que los diálogos entre Souto y Santos son más divertidos e ingeniosos, más distendidos. El autor plantea con mucho acierto el enigma del asesinato y presenta a un cabo confuso y bloqueado, pese a sus frecuentes éxitos y a su buen hacer, pues "incluso el mejor de los perros sigue a veces un rastro equivocado". Sus descripciones ambientales, la belleza de los paisajes, y la naturalidad de su prosa redondean una novela que brilla con méritos propios dentro de esta saga.

Lector, perfecto para reencontrarse con el cabo Holmes.


Si quieres hacerte con un ejemplar visita AQUÍ la página de Sinerrata

martes, 18 de abril de 2017

El canto del cisne, de Edmund Crispin

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, una compañía operística está a punto de estrenar Los maestros cantores de Núremberg, de Richard Wagner, en Oxford. Todo apunta a que Edwin Shorthouse, el barítono estrella con problemas de alcoholismo y una personalidad insoportable, va a convertirse en una pesadilla. No solo odia a Adam Langley, el tenor, por haberse casado con la mujer de la que se creía enamorado, sino que además le ha cogido manía al joven director, e intenta sustituirlo, y se ha propasado con una de las secundarias. Cuando aparece muerto, colgado en su camerino, la primera impresión es que se trata de un suicidio, pero son tantas las personas que deseaban su salida de escena que la policía no lo tiene del todo claro. Desconcertados, Adam y su esposa Elizabeth piden ayudan a su viejo amigo Gervase Fen, el profesor de literatura de Oxford famoso por resolver los más crípticos casos de asesinato. 

"Pocas criaturas hay en el mundo más estúpidas que un cantante. Es como si el ajuste milimétrico de la laringe, la glotis y los senos bucofaríngeos que se precisa para la generación de sonidos hermosos tuviera que venir acompañado casi invariablemente —oh, cuán inescrutables son los caminos de la Providencia— de la estulticia propia de un ave de corral."


Nueva entrega, de la mano de la siempre genial Impedimenta, de los casos de Gervase Fen, el detective que aterroriza a los ingleses a bordo de un descapotable rojo llamado Lily Christine mientras resuelve los asesinatos más misteriosos. Como en La juguetería errante o Trabajos de amor ensangrentados, Edmund Crispin narra con mucho sentido del humor otra aventura de este peculiar y excéntrico personaje. La gracia añadida es que en esta ocasión el crimen tiene lugar en un teatro, la víctima es un divo operístico odioso y todos los sospechosos son el resto de la compañía teatral. Si en Trabajos de amor ensangrentados el lector tenía a Shakespeare como telón de fondo literario, en El canto del cisne los guiños operísticos y musicales ponen la guinda del pastel.

Divertida, inteligente y con personajes peculiares, es la lectura perfecta para aquellos que anden a la busca de una novela de detectives atípica con aires muy british. No esperéis que le ponga alguna pega a El canto del cisne porque ya sabéis que soy muy fan de Edmund Crispin; pero también del Oxford de los años cincuenta, y de la mitología de los Inklings almorzando juntos los martes en The Eagle & Child. Leyendo a Crispin no cuesta nada imaginar a Gervase Fen charlando con Tolkien en el campus. 

"—Ahí va C.S. Lewis —dijo Fen de pronto—. Debe der ser martes."

Lector: un nuevo caso para uno de los detectives más divertidos del siglo pasado.

Nota friki: atención a los detectives famosos a los que desea entrevista Elizabeth Harding, la escritora policíaca casada con el tenor Adam Langley.


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El canto del cisne

lunes, 3 de abril de 2017

Viajes y exploraciones en el África del Sur, de David Livingstone

David Livingstone nació en Blantyre, Escocia, en 1813 y pasó la mayor parte de su vida adulta en África, donde murió en 1873. Estudió medicina y teología en Glasgow, y en 1840 partió de Londres a África del Sur por primera vez, al servicio de la Sociedad Misionera de Londres. Sus objetivos eran cartografiar territorio desconocido en la época, detallar una flora y una fauna casi ignota, y evangelizar a los nativos. Pero una vez en allí, fascinado por la diversidad del Kalahari, el descubrimiento del lago Ngami, la complejidad de los bechuana o la salvaje belleza del río Zambeze, el doctor Livingstone se entrega por completo a África. Estudioso de las culturas africanas, pionero en las exploraciones del Kalahari y el Zambeze, empeñado en abrir rutas comerciales para beneficio de las tribus e incansable en su lucha contra la esclavitud y el racismo, el increíble explorador recoge en este diario de viaje y descubrimientos una de las mayores aventuras del siglo XIX.

"Equívocos de esta especie se oyen con mucha frecuencia. A veces, al decir cualquier viajero, por medio de su intérprete, que es miembro de la familia del jefe de los hombres blancos, le contestan diciéndole: "Sí, habláis como un cacique", frase que quiere decir, luego que la explican, que un cacique puede decir cualquier necedad, sin que nadie se atreva a replicarle."

Esta edición de 2008 de la editorial Ediciones del Viento, es la primera edición íntegra de la obra traducida al castellano.

Dice Javier Reverte, prologuista de Viajes y exploraciones en el África del Sur, que si David Livingstone hubiese vivido en el siglo XX, sin duda habría sido reconocido con un Premio Nobel; Livingstone era médico, misionero, científico y explorador, pero sobre todo era un apasionado defensor de los derechos humanos, un cruzado contra la esclavitud, en una época en la que lo normal era ser racista. Con las únicas referencias de las estrellas —los mapas africanos de esa época eran apenas un esbozo— y la ocasional guía de los bechuana, el doctor escocés cruza el desierto del Kalahari, se convierte en el primer hombre blanco en llegar a la orilla del lago Ngami, explora el río Zambeze y bautiza sus cataratas con el nombre de su reina. Defiende que ciencia y religión pueden ir de la mano, que no son incompatibles, aprende lengua, cultura, costumbres y leyes de sus anfitriones bechuana, denuncia a Londres el tráfico de esclavos, sabotea siempre que puede las maquinaciones de los boers, ejerce la medicina sin entrometerse con las creencias locales, cartografía mapas, indexa plantas y animales salvajes, es mordido por un león,...

Viajes y exploraciones en el África del Sur es la compilación de las primeras expediciones del doctor Livingstone (1840-1852 y 1852-1856) escritas de su puño y letra. No solo se trata de una narración extraordinaria por la crónica que el explorador hace de África a mediados del siglo XIX, o un fabuloso compendio de su naturaleza, su geografía y su cultura, sino que además constituye un fascinante libro de aventuras. Livingstone es un personaje de leyenda que acometió una de la grandes últimas aventuras de descubrimiento europeo sobre tierra ignota; y lo hizo con una mirada científica y humanista extraordinarias para su época. Aunque el cuerpo del doctor David Livingstone descanse en Westminster Abbey, última morada de los grandes héroes británicos, su corazón sigue enterrado en Zambia, a orillas del lago Bangwellu.

Lector, ya no existen vidas así.


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Viajes y exploraciones en el África del Sur

lunes, 27 de marzo de 2017

Sin compromiso, de Curtis Sittenfeld

Jane y Liz son las mayores de las cinco hermanas Bennet y las únicas que parecen tener un poco de sentido común en la enorme casa de estilo Tudor que la familia habita en Cincinnati. Ambas llevan años viviendo en Nueva York pero están pasando unas semanas en la casa de su infancia para cuidar de su padre, Fred Bennet, que acaba de sufrir una intervención cardíaca. La única ocupación de Lydia y Kitty es el crossfit, seguir la dieta paleo y whatsappear, Mary siempre anda encerrada en su habitación, estudiando, y la señora Bennet solo vive para el club de campo y su organización benéfica. Pero para agravar el caos y el sinsentido que siempre parece reinar en la casa de estilo Tudor, la noticia de que dos médicos solteros, ricos y guapos —Chip Bingley y Fitzwilliam Darcy— se acaban de mudar al vecindario hace presa en la imaginación de la señora Bennet, que sueña con casar a sus hijas con un buen partido y a cualquier precio.

"En cierto modo, el hecho de que las cinco estuviesen solteras convertía la circunstancia en un fenómeno, curioso o desastroso, dependiendo del punto de vista, aunque en cualquier caso rara vez se tenía en cuenta la individualidad de cada una de ellas."


Orgullo y prejuicio es mi novela preferida de Jane Austen, por eso en cuanto vi Sin compromiso, en el catálogo de Siruela, supe que tenía que leerla. Esta simpática historia de Curtis Sittenfeld es una puesta al día del clásico austenita y, aunque muchos puristas dirán que resulta prescindible, lo cierto es que me lo he pasado bien revisitando a las Bennet. 

Sin compromiso es una adaptación contemporánea y divertida de la novela de Jane Austen, que recrea con bastante acierto la mirada incisiva de la autora sobre las relaciones familiares y sociales, los prejuicios socio-económicos de la diferencia de clases (en la novela de Sittenfeld ampliado a diferencias de raza y de género) o las relaciones amorosas y sus dificultades. Curtis Sittenfeld traslada con autenticidad al siglo XXI el espíritu crítico de la novela de Austen y, aunque —era necesario— cambien las circunstancias y las situaciones, sus personajes son sorprendentemente fieles a sus originales. Destaca, por ejemplo, el caso del patriarca de los Bennet, cuyo sarcasmo, sentido del humor y filosofía de vida son exactos a los del carácter imaginado por Austen; sus diálogos son uno de los puntos que más he disfrutado de esta novela.

Leer Sin compromiso conlleva el placer de reencontrarse con los Bennet, la sensación de volver a saber de viejos y queridos amigos, cierto consuelo para la nostalgia de los lectores. He disfrutado de la recreación de las vidas de las hermanas en el siglo XXI, de sus relaciones amorosas y de sus actitudes frente a la vida; incluso las tres pequeñas me han caído mejor que en la historia original, quizás porque Sittenfeld las ve desde un prisma más tolerante (son producto de la educación de sus padres) y tiende a redimirlas hacia el final de la novela. Jane y Liz están perfectas, fieles al espíritu de las heroínas austenitas, incluso favorecidas por la luz de la adaptación temporal (ambas están casi en la cuarentena y no hubiese sido creíble que no hubiesen tenido parejas o una carrera profesional). Solo el señor Darcy, en mi opinión, queda algo diluido, su intensidad original menguada por el paso de los siglos y una adaptación que le deja escaso diálogo y poco protagonismo entre tanta Bennet desatada.

Lector, para nostálgicos de Orgullo y prejuicio con sentido del humor.

Nota friki: Sí, aparece Pemberley. Y además está situado en el número 1813 de una carretera, sí, ese es también el año en el que se publicó por vez primera Orgullo y prejuicio


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