domingo, 25 de septiembre de 2016

Presentación de El noviembre de Kate

El pasado viernes, 23 de septiembre, en Casa del Libro de Passeig de Gràcia se celebró la presentación de El noviembre de Kate. La autora tuvo la inmensa suerte y privilegio de sentarse junto a Blanca Rosa Roca, directora de Roca Editorial, y a Susanna Lliberós, periodista y poeta. Fantásticos el cariño y las alentadoras palabras de Blanca Rosa y Susanna sobre un libro y una escritora que se han empeñado en conservar la sonrisa de los lectores.

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Os confieso que estaba bastante nerviosa, sobre todo cuando el Ingeniero me sopló al oído que a la presentación habían tenido a bien acercarse más de ochenta personas. ¡Qué responsabilidad no aburrirlas! Pero todo fue viento en popa cuando los encantadores asistentes se animaron a preguntar por cómo había surgido la idea de la novela, si tendría continuación, en qué me había inspirado, qué nuevos proyectos tenía... En fin, a compartir la alegría que se nos nota a todos los lectores cuando podemos comentar juntos un libro que nos ha gustado.

Blanca Rosa explicó cómo me había encontrado en Amazon y lamentó la falta de tiempo para asomarse un poquito más a ese mar tan interesante que son los autores que empiezan. Siempre he admirado su criterio editorial, ese toque tan especial que tienen casi todas las novelas del catálogo de Roca, buscando la originalidad, el encanto, el puntito excéntrico. Nos quedamos con ganas de seguir escuchándola. Susanna destacó el sentido del humor, las referencias históricas y culturales, la afinidad sensitiva y el protagonismo de la climatología en mis libros. Aunque para sentido del humor el suyo que abrió su turno de palabra diciendo que su crítica no tenía nada que ver con el sesgo cognitivo. Como obsequio final, nos regaló un poema de Ángel González, La verdad de la mentira

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Tuve el privilegio de estar sentada entre dos mujeres extraordinarias por su intelecto y su sensibilidad. 

Y aunque me olvidé de la mitad de cosas que quería explicar sobre la literatura feelgood, sus orígenes y su continuidad en el siglo XXI, recordé contaros lo importante: la felicidad de haber publicado con Roca, una editorial que siempre sabe ilusionarme con lecturas como La evolución de Calpurnia Tate, El sr. penumbra y su librería abierta 24 horas, las novelas de Julia Stagg, de Neil Gaiman, de Tarquin Hall, de Nicholas Sparks o del genial E.L. Doctorow, entre otros. 

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Me encantó compartir esa tarde con tantos lectores, queridos todos, la mayoría desconocidos en persona pero no en las redes. Creo que desde el viernes he repetido cien mil veces "gracias por venir", pero es que no sé cómo expresar lo bien acompañada, arropada, que me sentí, la emoción de saber lo mucho que os había hechizado la chica de los cabellos flotantes, la seriedad de Don, la excentricidad de Pierre, la magia del bar escondido.

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Y por último, pero no menos importante, la alegría de contar con la presencia de mi familia bloguera. Llevo muchos años con Serendipia y he tenido la suerte de conocer un montón de bloggers geniales, afines, compañeros de lecturas. Por eso, y a riesgo de dejarme a alguien por el camino (lo siento mucho, estaba muy nerviosa), vuelvo a dar las gracias por enésima vez a Cristina (MiMar de Letras), Imma (Lectora de tot), Laura (Dsdemona), Mixa (Paraula de Mixa), Jan (Trotalibros), Xavier (Tras la lluvia literaria), José Antonio (Retalls de Lectura), Dani (Dani Filth),  por estar allí. Pero también a todos aquellos que no pudisteis venir (por circunstancias o por geografía) y que sé que os habría encantado. 

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La guinda más romántica del pastel fue la tormenta de rayos, truenos y lluvias torrenciales que se desencadenó durante la presentación. El noviembre de Kate no podría haber tenido un entorno más romántico y maravilloso. 

Ah, y brindamos con una copita de cava para celebrarlo.

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Si te apetece leer una estupenda crónica de la presentación de El noviembre de Kate puedes pasar por el blog de Paraula de Mixa.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Veneno mortal, de Dorothy L. Sayers

En el juicio de la Corona contra la escritora de novelas policíacas Harriet Vane, el venerable y anciano juez parece tener las cosas bastante claras: la acusada es culpable de asesinar a Philip Boyes, su ex-amante. Harriet no solo había comprado arsénico en las fechas correctas sino que también era una experta sobre envenenamiento puesto que se había estado documentando para su último libro; además había sido la única persona con posibilidad de administrárselo a la víctima en la noche de su fallecimiento. Por suerte para la escritora, durante su juicio entrarán en juego dos factores con los que no contaba: la aguda intuición de la señorita Climpson y la certeza —y el corazón— del más distinguido detective de Inglaterra, Lord Peter Wimsey.

"—Pues yo creo que no me gustaría casarme con una asesina —dijo la señorita Titterton—. Sobre todo si está muy ducha en novelas policíacas. No dejarías de preguntarte si el café no sabe un poco raro.
(...)
—Una asesina puede resultar una buena esposa —dijo Harringway—. Madeleine Smith, sin ir más lejos... También utilizó arsénico, por cierto, pero se casó y vivió tan feliz hasta una edad provecta.
—Pero ¿también vivió su marido hasta una edad provecta? —preguntó la señorita Titterton—. Porque eso hace más al caso, ¿no?"


Junto con Agatha Christie y Ngaio Marsh, Dorothy L. Sayers (Oxford, 1893-1957) fue una de las grandes damas de la novela británica de misterio del siglo pasado. Las tres escritoras deleitaban a los lectores con los más ingeniosos juegos del whodunit, aderezados con un estupendo sentido del humor, investigadores carismáticos y el encanto maravilloso e inimitable de la literatura de la primera mitad del siglo XX. El más famoso detective de Sayers fue Lord Peter Wimsey, un aristócrata londinense con mucho carisma y un humor al estilo de Bertie Wooster, el personaje de P.G. Woodehouse (de hecho, Lord Wimsey también tiene su propio Jeeves, su infalible mayordomo Bunter). Veneno mortal no es la primera novela protagonizada por Wimsey pero la escogí para estrenarme con Dorothy L. Sayers porque era en la que aparecía por vez primera Harriet Vane, la escritora que le roba el corazón al gran detective. 

El resultado es una novela policíaca divertida, con mucho encanto y el inicio de un romance peculiar y simpatiquísimo que promete dar mucho juego en las siguientes entregas de los casos de Lord Wimsey. El lector no solo disfruta con la investigación, la resolución de un crimen que a simple vista parece irresoluble a no ser que la culpable sea Harriet (¿pero cómo va a ser ella? Lord Wimsey jamás se enamoraría de una asesina), sino también de los excelentes e ingeniosos diálogos (atención a la cena de Navidad del capítulo 12, no tiene desperdicio) y del encanto de la reina más simpática del suspense del siglo pasado.

Lector, si te gusta la novela policíaca disfrutarás con este clásico. Y tú que pensabas que Christie era la única...

Nota curiosa: la querida Dorothy L. Sayers fue amiga de algunos de los miembros de los Inklings y C.S. Lewis y J.R.R. Tolkien solían leer sus novelas.

Otra nota curiosa: este libro llegó a mis manos por culpa de una lectura con la que me divertí muchísimo el año pasado, Por no mencionar al perro de Connie Willis, en ella se referían con mucho cariño a Wimsey y a Harriet y no pude resistirme a conocerlos de la mano de su genial autora. Ha sido todo un acierto.

Otra nota: Esta novela es de lectura obligatoria si eres Ana Bolox.


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Veneno mortal

jueves, 15 de septiembre de 2016

La hija del tiempo, de Josephine Tey

El inspector de Scotland Yard Alan Grant está de pésimo humor, se siente humillado desde que un torpe accidente, durante la persecución de un delincuente, le tiene confinado en una cama de hospital. Durante su período de recuperación sus amigos le visitan para animarle y llevarle lecturas, pero Grant sigue gruñón, apático y aburrido. Hasta que la siempre impecable Marta Hallard le trae unas fotografías de grandes criminales de la Historia. El inspector se queda intrigado por el caso de Ricardo III, el último rey Plantagenet, acusado de asesinar a sus dos sobrinos además de otras iniquidades. Desde la cama del hospital, Grant irá tirando de la madeja de pruebas alrededor de las acusaciones que se tejieron sobre Ricardo III y pronto se dará cuenta de que nada encaja como debería: los sobrinos sobrevivieron a Ricardo veinte años, los escritos de Thomas More (a las órdenes de los Tudor que usurparon el trono tras Ricardo y que solo contaba con ocho años cuando murió Ricardo) son una copia de un manuscrito obra del mayor enemigo de Ricardo, las fuentes contemporáneas (incluidos sus familiares) se refieren al rey como sabio, buen administrador, cariñoso, progresista, generoso... ¿Por qué la primera orden del rey Tudor que le sucede en el trono es quemar el titulus regius que había otorgado a Ricardo III su legitimidad como monarca de Inglaterra? ¿Por qué no utilizó el argumento del asesinato de los niños para desprestigiar al rey legítimo sino que se guardó la información hasta veinte años después? Ante tantas preguntas sin respuestas, Grant recupera el buen humor y la pasión por resolver misterios. Con la ayuda de un joven estudiante norteamericano —que comprende bien las paradojas de la Historia—, el inspector resolverá uno de los crímenes más famosos de Inglaterra... sin moverse de la cama de un hospital.

"—Todos los que estuvieron allí saben que la historia es falsa y, sin embargo, jamás se ha desmentido. Es una historia absolutamente falsa que ha adquirido tintes de leyenda porque los hombres que lo sabían miraron hacia otra parte y no dijeron nada.
—Sí. Es muy interesante cómo se crea la historia."


La hija del tiempo ha sido una de las mejores lecturas de este 2016, en parte porque soy historiadora y me encantan estas investigaciones realistas en épocas tan apasionantes como el cambio de una dinastía inglesa, y en parte porque es una novela divertida que plantea un enigma tan absorbente que convence a cualquier lector (historiador o no). Y aunque Josephine Tey le mete mucha caña a los historiadores —dice que somos unos estúpidos sin sensibilidad— y alucina un poquito con teorías que relacionan la fisonomía con la criminalidad (debía de estar de moda entre las técnicas policiales cuando escribía la señora, en 1951), la novela es genial de principio a fin. No hay un gran caso, ni una trama complicada, simplemente es el inspector Alan Grant investigando sobre la figura de Ricardo III, pero resulta muy entretenida, distinta y con encanto. ¡Qué demonios!, es hasta divertida (no se pierda el lector el concepto de Tonypandy y las conversaciones de Grant con Marta Hallard).

El título de la novela se debe a un proverbio antiguo, La verdad es hija del tiempo, y es el más famoso de la bibliografía de Josephine Tey (1896-1952), autora a la que tuve el placer de leer por vez primera en La señorita Pym dispone. La prosa de Tey es ágil y el punto de vista de sus personajes, así como sus comentarios, están llenos de buen humor británico; sin duda, tiene el don de trasmitir encanto y feelgood hasta cuando se trata de una novela de corte policíaco (un poco atípica, eso sí). La hija del tiempo se disfruta por su protagonista, porque sabe mantener la curiosidad del lector, por las reflexiones sobre Historia y Verdad (a menudo la verdad se distorsiona por intereses políticos o económicos de ahí que uno de los personajes afirme que la Historia verdadera está en los libros de cuentas), y por la figura de Ricardo III, un rey que podría haber llevado a su país a un siglo de luz, de progreso y justicia social sino hubiese muerto en medio de una batalla, clamando al cielo por un caballo.

Lector, te gustará incluso aunque no seas habitual de la novela histórica. Perfecta como lectura policíaca distinta a las habituales.

Nota: me gustó especialmente la reseña de Las lecturas de Mr. Davidmore

Nota (II): si os apetece saber un poco más sobre Ricardo III y la controversia de su memoria histórica, os dejo el enlace al excelente artículo de Daniel Fernández de Lis en su blog Curiosidades de la Historia: ¿Asesinó Ricardo III a los príncipes de la Torre de Londres?


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lunes, 12 de septiembre de 2016

Carter & Lovecraft, de Jonathan L. Howard


Daniel Carter y Charlie Hammond son compañeros detectives en homicidios y están a punto de detener a un asesino en serie cuando todo se tuerce y acaba en desastre. Carter decide abandonar el cuerpo y, unos meses después, retoma su vida laboral como investigador privado. Su trabajo es monótono, incluso aburrido, hasta que un misterioso abogado de prestigio se cuela en su oficina para comunicarle que es el único heredero de una propiedad en Providence. Cuando el detective viaja hasta la ciudad para echar un ojo al inmueble descubre que es una librería y que su única empleada es Emily Lovecraft, la última descendiente del escritor. Carter no es lector habitual pero cuando la librera le explica que él se llama justo como un aventurero personaje de las novelas de su antepasado, y un hombre sin identidad se empeña en implicarle en la pista de un extrañísimo asesinato, la realidad empieza a volverse demasiado rara para el pragmático ex-policía. Con ayuda de un maletero lleno de armas, la capacidad de Carter para ver más allá y el mapa literario de Emily, los recién asociados Carter & Lovecraft lo arriesgarán todo para salvar el mundo de las deidades terroríficas que lo acechan.

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Fragmento de Carter & Lovecraft

Fue el Ingeniero quien se encontró con este libro, le llamó la atención su portada y ese Lovecraft del título. El Ingeniero no es lector habitual (igual que Daniel Carter) pero tiene buen olfato para los libros excéntricos que suelen encandilarme y me lo señaló en la librería. Me lo llevé sin saber nada más de él y empecé a leerlo casi en seguida, en vacaciones me apetecía algo inesperado. En el tercer capítulo ya sabía que no podría soltarlo de lo fascinada que me tenía. No soy una fan de H. P. Lovecraft pero con saber quién es el autor y sobre su universo literario se tiene suficiente hoja de ruta como para disfrutar muchísimo con esta novela llena de suspense e inquietantes distorsiones de la percepción (como le llaman en la historia). Y aunque mi sinopsis os parezca un tanto delirante os prometo que es causa de mi torpe entusiasmo, en serio que el libro vale la pena.

Carter & Lovecraft no es un homenaje a Howard Phillips Lovecraft, ni un pastiche, ni siquiera un intento de imitación o sucesión de sus obras. Carter & Lovecraft es una novela que recoge con sorprendente acierto el espíritu de su bibliografía, su universo y sus personajes, y los incorpora con mucha gracia y soltura en un estupendo thriller detectivesco con tintes paranormales. Con un sentido del humor que te hace soltar la carcajada —atención a las constantes referencias a Harry Potter—, la capacidad de sorprender al lector con lo inesperado, un ritmo de trama trepidante con escenas de alta tensión, suspense, e incluso terror, esta historia es perfecta para cualquier lector aburrido y con ganas de buenos personajes, diálogos brillantes y una inesperada librería. Daniel Carter y Emily Lovecraft son geniales, sobre todo la librera, y aunque su Moriarty no acaba de estar a la altura de ambos se compensa con personajes secundarios tan espeluznantes como un político conservador, por ejemplo.

Lector, te encantará seas o no fan de Lovecraft. Y si la librería, la librera descendiente del escritor y su apasionante aventura paranormal no son suficientes, te daré un argumento que no podrás rechazar: Daniel Carter lee La juguetería errante, de Edmund Crispin, durante casi todo el libro.


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jueves, 8 de septiembre de 2016

Detrás de la pistola, de Cristina Grela

Pilar disfruta de una vida más o menos cómoda en Zaragoza, con su trabajo, su novio y sus expectativas sencillas sobre el futuro. Hasta que un terrible accidente cambia para siempre la percepción que tiene de las personas que la rodean, de aquellos a quienes ama, de los desconocidos. Pilar aprende, por el camino más doloroso, que nada es lo que parece y que la integridad y la bondad no vienen de serie en todos los seres humanos; y que incluso ella, que nunca ha roto un plato, puede ponerse en la piel del culpable que empuña la pistola.

"Pero es que la línea entre la justicia y la venganza está hecha de la dignidad que pierdes cuando pasas al otro lado, a ese lado al que nadie debería llegar."


Detrás de la pistola es la primera novela de Cristina Grela —Cris Mandarica para los amigos— y lleva el nombre de su blog; aunque no tengas miedo, en su blog lo único que dispara son historias, artículos, reseñas y reflexiones muy útiles para escritores y lectores. 

Es esta una novela difícil de reseñar porque se corre el peligro de desvelar más de lo que se debe en detrimento de la historia. Mucho tiene que ver la magistral medida de Cristina Grela en la dosificación del suspense, la tensión in crescendo de la trama y su perfecta gestión de la información que proporciona al lector. Por eso, Detrás de la pistola es la historia de su protagonista, de la pérdida de su inocencia —casi podría decirse de su paso a la edad adulta si no fuese porque el personaje tiene 28 años—, pero también, y sobre todo, un buen thriller psicológico en el que ningún personaje es totalmente íntegro o moralmente irreprochable. Y es esa destacable galería de personajes —iba a decir malvados— cuya humanidad ha sido corrompida por sus peores deseos, envidias, rencores y odios, la que contribuye a hacer esta novela un libro singular, distinto y alejado de clichés.

Personalmente, he disfrutado muchísimo con los primeros párrafos de cada capítulo, reflexiones de apertura en las que la protagonista (¿o quizás la autora?) establece paralelismos entre la infancia y la vida adulta, como un espejo de la pérdida de inocencia que ella misma está experimentando. Cristina Grela no solo construye a una protagonista bien matizada (insegura, dependiente, frágil) sino que además la hace evolucionar con credibilidad en el marco de la tensión psicológica, las mentiras y los personajes manipuladores que la rodean, que la sacuden hasta despertarla de su apatía vital. 

"Cuando somos pequeños mentimos para ocultar cosas (...). Mentimos para escondernos. Pero cuando nos hacemos mayores la realidad es bien distinta y las cosas cambian: mentimos para conseguir algo."

Detrás de la pistola es el notable debut en el género novelístico de la escritora Cristina Grela, buena conocedora de que los mejores thrillers psicológicos no precisan de elementos sobrenaturales para resultar escalofriantes. Esperamos más, Cristina, que nos ha gustado.

Lector, una historia sobre la perfidia del ser humano que, por desgracia, reconocerás como probable.


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lunes, 5 de septiembre de 2016

La casa del espejo, de Vanessa Tait

A mediados del siglo XIX, corre el rumor por las académicas calles de Oxford que la esposa del deán, la señora Liddell es una caza-reyes, desea nada menos que un príncipe o un miembro de la nobleza para casarlo con alguna de sus tres hijas. Quizás por esa tendencia a complacer a los de sangre azul que no tarda en chocar con el extraño profesor de matemáticas de Christ Church, Charles Dodgson, quien observa normas aceradas para sus estudiantes (sean nobles o no) y guarda las excepciones de cualquier clase para las niñas pequeñas. Dodgson suele frecuentar la casa de los Liddell para fotografiar a las tres pequeñas de la familia: Ina, Alice y Ellie. La institutriz de las chicas, una delgada mujer de muy poca formación academica y nula simpatía por sus pupilas, ve con tan malos ojos la amistad de Dodgson con las niñas como las teorías evolucionistas de Darwin. En la férrea época victoriana, ¿qué probabilidades tiene una mujer como ella de casarse y librarse de los Liddell? ¿Por qué Charles Dodgson se empeña en hacerle ver el mundo desde otro punto de vista? ¿Por qué la curiosidad de Alice nunca encuentras respuestas más que con su amigo Dodgson?

"—Ten-ten-tengo que averiguar una forma de que el tiempo pase más rápido delante de la cámara..., un relato tal vez..., porque no sé si lo sabéis, pero al tiempo se le puede meter prisa si se le empuja con fuerza por detrás."


Vanessa Tait es la bisnieta de Alice Liddell, la niña que inspiró a Lewis Carroll (seudónimo de Charles Dodgson) Alicia en el país de las maravillas. En el epílogo de La casa del espejo, Tait explica sus fuentes documentales para escribir esta novela escrupulosamente ambientada en la época victoriana, un reflejo aproximado del profesor de matemáticas tartamudo que escribió uno de los libros más geniales de la literatura británica y las circunstancias que lo rodeaban entonces. 

Como rendida admiradora de Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí me resultaba tan inevitable caer entre estas páginas como a Alicia caer por la madriguera del Conejo Blanco. En La casa del espejo, la aproximación a la figura de Carroll es minuciosa y brillante, así como la recreación de la amistad del escritor con la niña que le inspiró. La novela está llena de referencias a la obra de Carroll a posibles puntos de inspiración, paralelismos entre aquella época en Oxford, fotografiando a las hijas del deán de su universidad, con escenas y personajes de su obra: el paseo en barca que inica la aventura, un padre con chaleco y reloj de bolsillo que siempre llega tarde a todas partes, un gato rebelde, una fiesta de cumpleaños, etc. 

He disfrutado mucho con el marco histórico (las teorías de Darwin en plena ebullición, la reina Victoria, los milenaristas, la situación de la mujer victoriana, la universidad de Oxford, la extraña amistad de Alice y Carroll, etc.) sin embargo la novela no era lo que me esperaba. Personalmente, hubiese preferido una aproximación más mágica y excéntrica, más extraordinaria, a la figura de Carroll; más imbuida de la imaginación desbordante y los juegos de lógica y palabras propios del autor, como un homenaje maravilloso a su obra. O, quizás, un ensayo magnífico y apasionado, al estilo de la aproximación que William Ospina hace de Byron y los Shelley en su El año del verano que nunca llegó, puesto que la autora tenía acceso a la documentación y la motivación familiar necesarias. No me esperaba una historia narrada desde el punto de vista de una institutriz reprimida, amargada e inculta (por cierto, muy buen retrato de la represión femenina de la época), un personaje que resulta antipático al lector y que resta cualquier intento de magia y maravilla por mucho que Charles Dodgson y sus niñas se empeñen en tejerlas a su alrededor. ¿Por qué la autora habrá optado por narrar su estupenda historia desde el punto de vista de este personaje tan gris y antipático que tanto contrasta con Dodgson o con Alice o con el mundo que son capaces de crear? Teniendo a mano una figura tan controvertida y polifácetica, tan interesante (profesor de matemáticas, escritor, poeta, fotógrafo, defensor de los derechos de los animales, evolucionista, sacerdote, amigo de los Tennyson, etc. ¡Incluso se especuló con que fuese Jack el Destripador!) como Lewis Carroll, ¿por qué dedicarle tantas páginas a lo que piensa y siente un personaje tan mezquino y falto de interés como una institutriz victoriana?

Lector, una novela que no puedes perderte si eres fan de Carroll y Alice, pero advertido quedas sobre su planteamiento de abordaje histórico.


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jueves, 1 de septiembre de 2016

El general Ople y lady Camper, de George Meredith

El apacible general retirado Wilson Ople y su joven hija Elizabeth se mudan a las afueras de Londres para disfrutar de la tranquilidad de su casita, su jardín, sus paseos a caballo y sus amables amistades. Sin embargo, el general pronto empieza a sentir una intensa curiosidad por su excéntrica vecina, la misteriosa lady Camper. Sobrina de un conde, viuda resentida con el género masculino, la señora Camper no tardará en convertir en un infierno la vida del pobre Ople con sus absurdas peticiones, sus crípticas reprimendas y el engorro de su sobrino. El temperamento aventurero del aguerrido general jamás había conocido semejantes provocaciones.

"Lady Camper había recorrido Europa y conocía Oriente. Varias acuarelas de los escenarios visitados adornaban sus paredes, y un par de pistolas que, a decir de ella, le habían sido útiles, reposaban en el escritorio de su salón. A través del párroco, el general Ople se enteró del inmenso desdén que la señora sentía por los hombres, cosa que, curiosamente, alternaba con los lamentos por la debilidad de las mujeres.
-Pues ella no es un ejemplo -dijo el general pensando en las pistolas."


El general Ople y lady Camper es una novela breve en la que George Meredith trata con mucho humor y simpatía varios de los temas recurrentes en su bibliografía como la crítica a la hipocresía de los modales y comportamientos de los caballeros en la época victoriana, el esnobismo o la ignorancia. En el personaje de lady Camper, Meredith reivindica a una mujer fuerte, inteligente e independiente, lejos de la sumisión femenina a la que estaban condenadas las damas de finales del siglo XIX; en cambio vierte en la bonachona pero tontorrona figura del pobre general Ople toda su mofa sobre el esnobismo y la mojigatería de la época.

La estupenda edición de Ardicia Editorial (editores que me sorprendieron gratamente con El gran misterio de Bow) incluye un posfacio de Virginia Woolf en el que la escritora reflexiona sobre las clases sociales en la literatura inglesa a raíz de las consideraciones de Ople con "la sobrina de un conde" y de la crítica burlesca de Meredith con la sociedad de su época. No hay caballeros en Dickens, dice Virginia Woolf, ni obreros en Thackeray.

"El anonimato, a cuya sombra trabajan mucho más felices los escritores, es prerrogativa exclusiva de la clase media. Los escritores proceden de esa clase porque solo en ella el ejercicio de la escritura se considera un acto tan natural y tan cotidiano como arar un campo o construir una casa. Ser poeta resultó seguramente más difícil para Byron que para Keats; y es tan imposible imaginar que un duque llegue a ser un gran novelista como que El paraíso perdido lo escribiera un hombre detrás de un mostrador."

Lector, una oportunidad genial para conocer a George Meredith y su sentido crítico del humor. Seguro que repites.

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